En 1961, la víspera de la Nochebuena, el Cardenal Bueno Monreal firmó el decreto por el que erigía nuestra parroquia, junto con otras trece. La desmembraba de la de San Gonzalo, la cual, a su vez había sido independizada, en 1942, de la primera parroquia trianera, Santa Ana, creada en el siglo XIII; de esta había surgido la de Nuestra Señora de la O, ya independiente desde 1911.

Entre los centenares de documentos alusivos a nuestra parroquia que pueden verse, por ejemplo, en la hemeroteca de ABC, (la mayoría, sobre esquelas mortuorias), podemos notar que, en estas, se alude a la sede parroquial como sita en la Avenida de Coria (la aludida Residencia de la Tercera Edad); pero, en algún caso, se hace ya referencia a la Barriada de Santa Cecilia.

Sin embargo, hasta el 20 de febrero de 1966 no se coloca la primera piedra del templo actual. La bendijo el Cardenal Bueno Monreal, con la asistencia del Capitán General, el Gobernador Civil, el Alcalde, y otras personalidades. En el relato que apareció en ABC se realza la colaboración de las fuerzas aéreas norteamericanas destacadas en Morón de la Frontera: debe de ser fruto de la política de Estados Unidos, en esos años, de acercamiento a aquella España de entonces.

Tuvieron que pasar casi otros tres años más para la inauguración de esta iglesia. Por fin, a finales de 1968, casi siete años tras la erección canónica de nuestra Parroquia, pudo inaugurarse su templo:El viernes 6 de diciembre de ese año, Monseñor Gallego, por delegación del Cardenal Bueno, consagró el altar, y celebró la primera misa “en honor de las titulares”. Reliquias de estas, de San Félix y de San Celestino, quedaron en dicho altar.

Hay que destacar la labor, junto al párroco, D. Luis Muñoz Díaz, del celoso coadjutor Don Juan José Moreno Berraquero, (que había sido nombrado para tal cargo en 1968, unos cuatro meses antes de que fuese inaugurado el nuevo templo); del presidente seglar del Consejo Parroquial, Ovidio Castilla; de Manolo Baena y otros cursillistas como el antes citado; de tantos y tantas catequistas, miembros del coro, y participantes en otras muchas actividades.

El 5 de enero de 1971 vino a vivir, con su familia, en esta feligresía, Don Antonio Ríos, sacerdote de la diócesis desde 1960, y, entonces Director Técnico del Colegio Seminario Menor, y Profesor de Instituto. Este es su 43º año como Presbítero Colaborador Parroquial; junto con cátedra, doctorados, libros, y Reales Academias.

Ya consta en aquel 1971 una costumbre de nuestra parroquia: la donación de sangre por nuestros feligreses; en los salones parroquiales, y, antes, en la Ciudad Sanitaria. Hay también muestra de nuestro espíritu de peregrinos: sesenta en Santiago, con el ya citado coadjutor. Y prosigue la habitual labor de los Cursillos Matrimoniales en los salones de la Parroquia.

Otra característica de nuestra parroquia aparece desde los años setenta en la citada hemeroteca de ABC: su contribución a Cáritas. En esto siempre estuvo entre las primeras de la Archidiócesis en términos absolutos; y, sobre todo, en relación con los ingresos.

Noticia muy destacable en aquellos años fue nuestra participación parroquial en el Sínodo Diocesano, cuyos compromisos de adaptación al Concilio Vaticano II promulgó el Cardenal Bueno en 1973. En un orden más doméstico son también señalables las noticias sobre nuestra colonia infantil de verano en Zahara de la Sierra.

En octubre de 1977, Don Luis Muñoz pasa a la Catedral, y le sucede comopárroco Don Francisco Díaz Rodríguez, el cual había sido nombrado el 3 de septiembre, y tomó posesión el 8 del citado octubre. Se intensifican la predicación, la catequesis, la vida litúrgica y la participación de los seglares, especialmente intensa desde que la atención a las comunidades del Camino Neocatecumenal pudo ser generalizada sistemáticamente a toda la parroquia.

Desde  1992, y coincidiendo, en parte, con los fastos de la muy cercana Exposición Universal, hubo que hacer una profunda reparación del templo, resentido en sus cimientos al estar en terrenos de aluvión. La profunda reforma del templo (más de cuarenta millones de pesetas de entonces), todo según proyecto del arquitecto, y feligrés, Don Juan Manuel García Blázquez, duró largo tiempo: el acta definitiva de recepción de las obras no se firmó hasta el 15 de febrero de 1994. Y aún durante los meses siguientes se logró reemplazar las imágenes del Cristo crucificado y de la Inmaculada (que eran de muy dudoso gusto moderno) por unas muy dignas; del siglo XVIII, muy probablemente. Las cedió en comodato la comunidad del luego extinguido Convento de Santa Clara,

Tras aquella primera reforma del templo, en la que solo los cuadros de las santas titulares, obra del artista Juan Brito, se dejaron, por el momento, en sus sitios, se dotó a la iglesia, en cuanto hubo posibilidades, de mejores bancos, del necesario aire acondicionado, de vidrieras, de una excelente megafonía, y de otras muchas mejoras. Pero lo más importante fue la intensificación litúrgica y catequética.

El 29 de junio del año 2011, el nuevo arzobispo, Don Juan José Asenjo, realizó una amplia serie de cambios en la diócesis: en lo que atañe directamente a esta Parroquia , aceptó los deseos de jubilación del párroco, Don Francisco, quien siguió como Capellán de la Residencia de Ancianos que había sido cuna de la parroquia, y que ya estaba regida, y remodelada, por religiosas de la Consolación.

Y el prelado nombró, para sucederle como párroco, a Don Manuel Soria Campos, quien ya era Canónigo Capellán Real, y Delegado Diocesano de Hermandades y Cofradías.

Como todos los párrocos, Don Manuel ha dado su impronta a la Parroquia, tarea que en lo pastoral, aunque es siempre lo básico, es también lo más difícil de historiar, pues pertenece a lo que es llamado la historia interna, muy compleja para ser concretada en estas breves páginas. Pero si se permite una broma a los cronistas, diremos que a los tres párrocos que hemos tenido, además de una elogiable labor pastoral, les une la tarea arquitectónica:

El primero, Don Luis, se vio obligado a construir el templo parroquial, con los escasos medios de entonces, en la reducida, y no ampliable, superficie en la que continúa.

El segundo, Don Francisco, hubo de hacer frente a las costosas obras de consolidación ya aludidas, pues el edificio se había resentido de haber sido construido en terrenos de aluvión.

Y el tercero, Don Manuel, ha juzgado necesario realizar otras reparaciones, aún más costosas, derivadas de las modernas exigencias de seguridad que señaló la Inspección Técnica de Edificios.

Ya va siendo hora de cerrar nuestro breve resumen de la historia externa de nuestra Parroquia en estos ya más de cincuenta años.

Además de que aquí se vivieron intensamente las dos visitas a Sevilla, en 1982 y en 1993, del papa Juan Pablo II, nuestros prelados nos han ido impulsando a lo largo de este medio siglo de vida parroquial; e incluso nos apoyaron con visitas personales:

El arzobispo Amigo, antes de ser Cardenal: al celebrar la misa exequial por la madre de Don Antonio Ríos, muy querida por la feligresía; también, en una visita pastoral el 17 de febrero de 1991, en la que

recorrió a pie la parroquia, y visitó a algún enfermo; y en una recordada confirmación de jóvenes.

Y el ya citado nuevo Arzobispo, Monseñor Asenjo, en la eucaristía dominical del 27 de noviembre de 2011, Primer Domingo de Adviento; deseamos que vuelva en muchas más ocasiones.

No pocos otros sacerdotes han venido sirviendo a nuestra Parroquia durante el ya cumplido medio siglo en la vida de esta: aparte de los ya citados, hay que mencionar a los Coadjutores, ahora llamados Vicarios Parroquiales:  Don Juan José Moreno Berraquero, Don José Luis García, Don Daniel Remesal, Don José Agustín Carrasco, Don Antonio Gómez, Don Juan Manuel Contreras, Don Manuel Ruiz,  Don José Antonio Jiménez, y Don Alejandro Gordon. Y actualmente está nombrado, Don Jesús Toro.

No deben ser silenciados aquí otros numerosos presbíteros que colaboraron temporalmente en esta parroquia, como Don Manuel Valencia (+1982), Don Antonio Medina (+1995) o Don Rafael Dorado (+2011), por citar solo a aquellos a los que Dios Nuestro Señor premió ya sus méritos; y tantos que han celebrado aquí la eucaristía, u otros sacramentos; o dado charlas cuaresmales, catequesis, etc.

Su lista sería larguísima; pero es incomparablemente mayor la de los miles de hombres y mujeres que, a lo largo de estos más de cincuenta años, han venido dando entre nosotros el testimonio diario de su fe cristiana. Muchos de ellos han llegado ya a la casa del Padre; confiamos en su intercesión por los que aún caminamos hacia Él.

 

[btn text="Descargar historia completa" tcolor=#FFF thovercolor=#FFF link="http://www.universoautomata.com/parroquia/wp-content/uploads/Historia-de-la-Parroquia-de-Santas-Justa-y-Rufina.-Autor-Antonio-Rafael-Ríos-Santos.pdf" target="_blank"]