CAMINO DE SANTIAGO

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Hace ya unos meses, tras el final de las restricciones por la pandemia, se empezó a generar el proyecto de un grupo de familias de la parroquia para peregrinar a pié a Santiago. Animados por Miguel Ángel, se fue interesando un pequeño grupo de familias con niños en el grupo de anforitas que hemos servido como conejillos de indias para esta actividad pastoral que pensamos puede tener una acogida futura dentro de las actividades a realizar en la parroquia.

Sirva esta entrada en el blog como pequeño diario personal o libro de bitácora del transcurso del camino en estos cinco días de septiembre.

 

LA LLEGADA – LAS EXPECTATIVAS

No es fácil determinar el comienzo de las cosas importantes y este viaje es buena prueba de ello. Quizás podríamos determinar el inicio de todo el año pasado, cuando empezó a alumbrarse la idea del viaje. O unas semanas antes cuando todo estaba listo y la partida era inminente. O en los diferentes de momentos en los que cada uno salió de Sevilla en función de sus circunstancias.

Aunque creo que el momento que en cierta manera marcó el inicio de esta experiencia comunitaria, una vez resueltas las cuestiones logísticas, fue el primer momento de oración y reflexión en común. Recogidos en una de las habitaciones de la pensión en las que nos alojábamos dimos gracias a Dios por encontrarnos juntos y en ese lugar. Fue un momento de reposo y tranquilidad, tras la avalancha de novedades que supone cualquier viaje, dónde nos paramos a pensar en lo que esperábamos encontrar en el camino. Importante cuestión que cada uno abordó de manera personal pero dónde salieron a relucir numerosos puntos en común.

 

PRIMERA ETAPA: SARRIA-PORTOMARÍN

NO MIRAMOS ATRÁS

Cada día iniciábamos la etapa todos juntos con un momento de oración en la que Miguel Ángel planteaba un tema de reflexión. Empezamos el camino recordando las palabras del Evangelio dónde Jesús exhortaba a los fieles a dejar atrás todo por seguirle Lc9,62: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

Pues con ese espíritu salimos de Sarria temprano, llenos de entusiasmo y acompañados por muchos otros peregrinos con los que compartimos camino a lo largo de estos días. Pronto dejamos atrás Sarria y nos encaminamos a Portomarín.

Por el camino íbamos encontrando aldeas, ermitas, iglesias, paisanos, animales, paisajes verdes y peregrinos, muchos peregrinos.

 

La lluvia o su amenaza nos acompañaban a ratos, sin llegar a ser molestas. Aprovechábamos las pausas del camino para ir sellando la credencial del peregrino o coger algo de aires, según lo que nos pidiera el ánimo y el cansancio.

Finalmente tras atravesar el Miño, llegamos a Portomarín, dónde comimos juntos, tras subir las escaleras que daban acceso al pueblo. Por la tarde nos esperaban las fiestas del pueblo en la plaza con charanga incluida.

 

SEGUNDA ETAPA: PORTOMARÍN- PALAS DE REI

NUESTROS MIEDOS

 

 

Retomamos el camino y lo iniciamos nuevamente pensando acerca de nuestro miedos, nuestras preocupaciones, aquello que nos lastra y que hace que nuestra vida se ponga cuesta arriba.

Como siempre en cada pueblo, la salida se inicia con pendientes que ponen a prueba nuestras fuerzas en estos primeros momentos en los que el Sol parece que nos da fuerzas y nos transmite ánimos con sus primeros rayos. Las sombras se alargan y nos van indicando la ruta hacia el oeste, a Santiago.

 

En el camino, cada uno va eligiendo el ritmo en función de sus fuerzas y su ánimo. Hay momentos para todo, para conversar, para estar sólo, para disfrutar de la compañía o del silencio.

Junto al camino vamos descubriendo huellas de aquellos que habitaron estos lugares en otros tiempos, así como huellas cristianas que nos recuerdan las raices del camino.

La llegada a Palas de Rei, como siempre vino acompañada con la alegría del rencuentro y una reparadora comida. Descansamos preparando la siguiente etapa, la mas larga y que nos pondría a prueba de nuevo.

TERCERA ETAPA: PALAS DE REI- ARZÚA

OBJETIVOS

Para este día la tarea autoimpuesta es marcarnos objetivos de cara a la vuelta a casa; personales y alcanzables. Trasladamos a nuestra vida las enseñanzas que nos va dando el camino dónde con esfuerzo y tesón vamos alcanzando los objetivos de cada día.

Tras el desayuno iniciamos la marcha esta marcha que se prevé algo más dura de principio. La chavalería se adelanta sin aparente esfuerzo, hacen honor al dicho de la unión hace la fuerza y mientras van juntos no hay queja posible y los kilometros van pasando raudos y veloces.

 

 

Las paradas son las justas para hacerse alguna foto, sellar la credencial del peregrino, o reponer fuerzas de manera momentanea. Aún queda mucho trecho por delante,  en los que paisajes de cuento y bosques de galeria harán las delicias de niños y mayores.

 

En este etapa se impone una parada en Melide. Esta ciudad está considerada como el centro geográfico de Galicia y en ella confluyen la ruta francesa, que procede de Roncesvalles, y el Camino Primitivo, que parte de Oviedo.

A la entrada del pueblo, junto al puente medieval de Furelos, nos espera la ermita de San Xoán de Furelos con sus puertas abiertas. En ella encontramos la talla de un crucificado que desciende la mano derecha. No es una mano caida, es una mano que en mitad del trance de la crucifixión se ofrece al peregrino para transmitirle fortaleza y cariño.

 

En Melide tras reponer fuerzas gracias a sus famosas raciones de pulpo y no menos famosas raciones de oreja de cerdo, partimos hacia Arzúa atravesando su casco histórico. Aprovechamos la ocasión para visitar la iglesía de San Pedro, situada en la Praza del Convento, dónde disfrutamos de la paz y el recogimiento que transmite el templo.

 


Dejamos Melide atrás y enseguida nos volvemos a encontrar en medio de bosques que nos protegen del sol de la tarde y parecen trasladarnos a parajes de cuento. A pesar de la sequía, un verde al que no estamos acostumbrados, nos acompaña durante el camino que de tanto en tanto es atravesado por pequeños y pintorescos arroyos.

 

 

Ya cerca del final de nuestra etapa diaria, vamos con paso firme y disciplinadamente atravesando pequeños nucleos de población. A veces el camino es menos salvaje y está más domesticado. Los tramos de asfalto se alternan con los tramos de tierra, pero siempre encontramos algún detalle o edificio dónde fijar la mirada. Hay puestos de venta de recuerdos a lo largo del camino, en los que a veces nos hacemos con un detalle para aquellos que han faltado y que echamos de menos.


 

 

CUARTA ETAPA: ARZÚA- O PEDROUZO

Tras el esfuerzo de ayer la etapa de hoy nos encontramos más fuerte. Hemos pasado lo peor ( o lo mejor) y empezamos a vislumbrar la meta lo que hace que saquemos fuerzas de flaqueza y la moral está alta. Hoy además empezamos la etapa acordándonos de la Virgen María, a la que nos encomendamos en estos primeros pasos del día.

 

 

Hoy cambiamos la estrategía y caminamos por parejas, el azar va decidiendo durante un tiempo, sucesivos compañeros de viaje con los que compartimos la experiencia del camino.

 

 

Tras la separación, de nuevo llega el recuentro que celebramos con fotos con encuadres singulares.

 

De repente a un lado del camino se abre ante nosotros un paraje en el que la naturaleza se muestra ante nosostros como una invitación a la reflexión y la oración.

 


 

Tras el esfuerzo del camino y reponer fuerzas en la comida, nos disponemos por la tarde a dar gracias a Dios en la Eucaristía. Damos gracias por aquello que hemos descubierto, por los retos alcanzados y por las vivencias de estos días. Aún es pronto para darnos cuenta de todo lo vivido, necesitaremos el resposo y algo de tiempo para sacarle aún mayor partido a los frutos de esta experiencia. Aún no hemos llegado a Santiago pero sentimos cerca la meta.

QUINTA ETAPA: O PEDROUZO- SANTIAGO

Iniciamos el camino temprano y con la ya tradicional reflexión y oración en común. Damos gracias por los frutos del camino en estos días y la cercanía de la meta nos produce sentimientos encontrados. Esto se acaba.., ¿o acaso hemos empezado? Los mayores a los que hemos ido siguiendo en nuestras vidas, siguen estando a la cabeza en el camino, dándonos ejemplo y transmitiéndonos su experiencia vital.

El camino aunque nos acercamos a la ciudad y se vuelve más urbano, aeropuerto, carreteras,…de repente nos sorprende con escenas de otro tiempo y que nos hacen replantearnos nuestra actitud ante las dificultades, los esfuerzos y la vida.

Finalmente nos juntamos todos en el Monte del Gozo, cuyo acertado nombre refrendamos con la alegría que compartimos con el resto de peregrinos al contemplar la ciudad a nuestros pies y vislumbrar a lo lejos, pero ya cerca, las torres de la Catedral de Santiago, nuestro objetivo final. Allí vamos…

 

 

 

La entrada en el casco antiguo ya nos anuncia nuestro destino. Las fachadas de piedra y las tiendas de recuerdos nos van escoltando en este tramo final dónde las risas y las canciones hacen más livianos los ultimos pasos. Las fuerzas se han recuperado milagrosamente y no hay sitio para quejas o lamentos, vamos casi flotando al encuentro del Santo.

 

 

Nos dejamos sorprender por la llegada.

La plaza del Obradoiro nos acoge como a cientos de peregrinos con los que hemos compartido el camino estos días. Cada persona hace su camino, tienen sus motivos y tiene sus propias sensaciones a la llegada. La alegría, la satisfacción y el agradecimiento son los sentimientos que nos vienen a la cabeza en un primer momento.

Nosotros como grupo, como comunidad cristiana hemos disfrutado de un camino largo, intenso, lleno de experiencias, cuyos frutos estamos seguro no se quedarán aquí en Santiago; los traeremos de vuelta en nuestra mochila a nuestra vida, a nuestro colegio, a nuestro trabajo, a nuestra parroquia, en dónde sacaremos partido a las riquezas ganadas en el camino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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