DE LA ADORACIÓN AL COMPROMISO

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Adjuntamos la carta pastoral de nuestro Arzobispo con ocasión de la celebración de la solemnidad del Coprus Christi, en la que además celebra Cáritas el Día de la Caridad 2022.

 

DE LA ADORACIÓN AL COMPROMISO

 

Celebramos la solemnidad del Corpus Christi, centrada en la adoración de Jesucristo, presente realmente en los signos sacramentales del pan y del vino. La celebración de la Eucaristía en este día tiene la prolongación en las procesiones eucarísticas que se celebran desde hace siglos entre nosotros. El mensaje de los Obispos para el Corpus Christi de este año 2022 se inicia hablando del paso «de la adoración al compromiso». No podemos celebrar la solemnidad del Corpus Christi, memorial de encuentro y entrega de Cristo, sin vivir y experimentar la profunda e inseparable unidad entre la fe y la vida, la unidad entre la Eucaristía y la caridad.

En cada celebración eucarística se actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo tiempo, en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada ser humano. Es así como nace, desde el misterio de la Eucaristía, el servicio de la caridad para con el prójimo. Esto solo puede vivirse a partir del encuentro íntimo con Dios. Desde ese encuentro profundo con Dios, que cambia la vida, que cambia el corazón, yo puedo a mirar a los demás desde la perspectiva de Jesucristo, es decir, los puedo mirar como hermanos.

En este día también tiene lugar la jornada central de Cáritas, la institución de la Iglesia para la ayuda fraterna. La Cáritas de nuestra Archidiócesis realiza una gran labor en la atención a los pobres y marginados, a los inmigrantes, a las personas que viven en soledad: 17.707 familias atendidas por las Cáritas parroquiales en atención primaria, con un impacto en 50.773 personas; 2.322 participantes en los diversos proyectos de promoción social y educativa; 251 Cáritas parroquiales; 2.704 voluntarios y voluntarias, y 85 profesionales; 9.255.674 euros invertidos en los diversos proyectos de acción social, voluntariado y sensibilización. Una de las riquezas humanas de la Iglesia, y en concreto de nuestra Archidiócesis, consiste en las personas voluntarias que colaboran con Cáritas. Pensando en ellas especialmente, y también en los diocesanos que apoyan y hacen posible la continuidad de las Cáritas parroquiales y de la Cáritas Diocesana, escribo estas reflexiones.

La fiesta del Corpus Christi y la ayuda a la labor de nuestra Cáritas tienen una profunda sintonía. Cuantos ayudan, de diversas maneras, a las tareas asistenciales y de promoción humana de las Cáritas, hacen realidad la tradición, tan intensamente vivida en los primeros siglos de la Iglesia, de vincular la celebración de la Eucaristía con la caridad fraterna, insistiendo en la relación profunda que hay entre la Fracción del Pan y la comunicación cristiana de bienes, que tiene como consecuencia el compartir con los hermanos necesitados. Ya el apóstol Pablo calificaba como algo “indigno” de una comunidad cristiana que participe en la Cena del Señor si esto lo hace en un contexto de división y de indiferencia hacia los pobres.

De la adoración al compromiso. El papa Benedicto XVI, en su primera encíclica, dedica toda la segunda parte a la actividad caritativa de la Iglesia como manifestación del Dios que es amor. Esta segunda parte es una verdadera carta magna de Cáritas. Recuerda que la tarea de establecer una sociedad más justa no es inmediatamente tarea de la Iglesia, sino del Estado y de la sociedad. Ahora bien, la Iglesia no debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. El deber inmediato de trabajar por un orden justo es propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado que son, están llamados a participar en la vida pública, llamados a configurar rectamente la sociedad, bajo su propia responsabilidad y cooperando con otros ciudadanos, viviéndolo como consecuencia de su fe y viviendo su actividad política como caridad social. Mi reconocimiento y mi gratitud a todos cuantos trabajan por hacer el bien y ayudar a los necesitados, sin ninguna acepción de personas ni discriminación, viendo en ellos y ellas solo a hijos e hijas de Dios necesitados de ayuda.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

 

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